Santa Matanza - La Patrulla Caníbal

Los prejuicios a menudo son una inacabable fuente de infortunios y malentendidos. Asumir que conocemos todo, o en su defecto, lo suficiente, sobre cualquier cosa como para emitir un juicio que, en concordancia con el estigma que suele acarrear, sea sobrecogedoramente negativo puede llevarnos a desestimar y permanecer ignorantes a nuevas experiencias. Esto, para cualquiera, es de por sí una desgracia, pero para una persona involucrada en el mundo de la música es sencillamente inaceptable. No negaré que mi impresión previa respecto al nuevo disco de Santa Matanza, “La Patrulla Caníbal”, estaba plagada de prejuicios. Es por ello que doy gracias de haber estado equivocado, y haber podido darme cuenta de que el trabajo que han hecho contiene un notable mérito. 

"Los miembros de Santa Matanza trastocan todos los prejuicios que se puedan tener respecto a su música".

Nunca he sido un particular defensor del Punk como género. No me siento identificado con el mensaje reivindicativo que permea todos los aspectos de la música, en parte porque no comparto la forma en que está expresado, y en parte porque a veces me resulta difícil distinguir si de verdad se trata de una protesta o de una auto-parodia de su propia cruzada imposible. Sin embargo, no he escuchado, en memoria reciente, música que sea capaz de convencerme del mérito de la causa que defiende de manera acérrima este género. Eso ha cambiado con esta crítica. 


Sin duda, y tal y como he dicho antes, la agresividad de los músicos se apropia de cada una de las facetas que componen este incendiario LP. La velocidad y el estilo técnico de los músicos escapa de las convenciones constrictivas características del punk más puro, mezclándolo con elementos de sus primos más cercanos, como el thrash, el hardcore, e incluso en ocasiones, algún ritmo que bordea entre el ska y el funky. El resultado es una exaltada y airada crítica a los más turbios aspectos sociales, políticos y económicos, entre otros, que afectan a España, azuzando sin piedad a los presuntos (y no tan presuntos) responsables.

El disco no pierde ritmo en ningún momento, un frenesí de riffs tan enrevesados como la visceral rabia con la que están ejecutados. Las secciones de las canciones se entrelazan entre sí con una notable fluidez, sin dar apenas respiro a interpretar cómo los músicos realizan esas conexiones, pero la estructura de los temas, y del disco en general, está lo bastante bien construida como para ofrecer contrastes notables y muy bienvenidos, una brisa de aire fresco dentro de este tórrido huracán. 

"La velocidad y la agresividad priman como elementos centrales del trabajo". 


La calidad de la producción, desde un punto de vista objetivo, deja mucho que desear, aunque, en otra demostración de que todo lo que engloba este trabajo está diseñado y orientado a convertirse en una pieza más de una infalible máquina de destrucción, es innegable que no hace sino exacerbar el mensaje que transmiten, y el impacto del mismo. Los instrumentos suenan contundentes, carentes de cualquier refinamiento o pretensión, y las voces gruñen una lírica descarnada y vitriólica que no deja indemne a nadie.

Estamos ante un muy logrado trabajo tanto a nivel musical como lírico dentro del ámbito de la música como protesta. Un auténtico ejercicio en sabotaje de idealismos mal concebidos y de estructuras sociopolíticas corruptas, “La Patrulla Caníbal” demuestra que no van a dejar sobre los huesos ni un trozo de carne infecta si con ello consiguen desvelar la realidad que bajo ella se oculta.

Serrant

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